Aunque el WTI cayó más de 8% en un solo día a finales de mayo, los conductores mexicanos apenas lo notaron en la bomba. La razón es estructural. El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) opera como una cuota fija por litro —no como un porcentaje del precio—, lo que blinda el precio final de las oscilaciones internacionales. A eso se suma el recorte significativo de estímulos fiscales que Hacienda aplicó desde enero de 2026, elevando la cuota efectiva de IEPS hasta $4.80 pesos por litro en la Magna.
Con una inflación general que cerró la primera quincena de marzo en 4.63% —muy por encima del objetivo de 3% de Banxico— y las encuestas de especialistas apuntando a un cierre de año cercano al 4%, los combustibles siguen siendo el termómetro más visible —y más político— de la carestía en México.








