Negociadores de Estados Unidos y México se encuentran en Washington para una segunda y crucial ronda de conversaciones destinadas a renovar el tratado de libre comercio norteamericano (T-MEC). Todo esto ocurre mientras el presidente Donald Trump amenaza públicamente con poner fin al acuerdo.
El panorama general: Aunque la agricultura y las reglas de origen automotrices ocupan gran parte de la agenda, el sector energético ha emergido como el principal campo de batalla. El núcleo del conflicto es el creciente control del gobierno mexicano sobre su mercado para favorecer a la petrolera estatal, Pemex.
Por qué es importante: Las políticas proteccionistas de México chocan directamente con los compromisos adquiridos en el T-MEC, los cuales obligaban al país a permitir una mayor inversión energética estadounidense. Romper el acuerdo pondría en riesgo $1.6 billones de dólares en comercio regional anual.
Los detalles clave del conflicto:
- Táctica dilatoria: El Instituto Estadounidense del Petróleo (API) acusa al gobierno de México de utilizar el lento proceso de disputas del T-MEC como escudo.
- Ventaja desleal: Según la industria estadounidense, esta demora beneficia a Pemex, dándole una ventaja injusta frente a los inversores privados y extranjeros de petróleo y gas natural.
- La solución propuesta: El sector energético de EE. UU. exige implementar un mecanismo de “respuesta rápida” para obligar a empresas estatales a cumplir la ley. Sería un castigo ágil similar a las sanciones que hoy niegan beneficios comerciales a fábricas que violan derechos laborales.
El factor del etanol: La presión energética se cruza con la agricultura. Para reducir el déficit comercial agrícola, EE. UU. exige que México permita la mezcla de etanol con gasolina en sus principales ciudades.
- El impacto financiero: Productores estadounidenses estiman que abrir la puerta al etanol dispararía sus exportaciones a México en $2,000 millones de dólares anuales.
Entre líneas: El tono de Trump es hostil (“No necesitamos nada de lo que tiene México”, afirmó), pero expertos apuntan a que es una táctica de presión máxima. El equipo comercial de EE. UU. tiene un objetivo doble: extraer concesiones históricas sobre Pemex y luego convencer a Trump de firmar el acuerdo.
¿Qué sigue?: Las naciones tienen hasta el 1 de julio para decidir el futuro del pacto. Si el bloqueo energético de México persiste, expertos advierten que Trump podría invocar la cláusula que permite abandonar el tratado en seis meses. Una tercera ronda de diálogos está fijada para el 20 de julio en la Ciudad de México.











