La discusión sobre fracking en México volvió al centro del debate energético con Claudia Sheinbaum. La presidenta estudia autorizar proyectos piloto en Coahuila y Tamaulipas para aumentar la producción doméstica de gas, en un contexto en el que Pemex ya reconoce que sus reservas convencionales declinan y la dependencia de importaciones desde Estados Unidos es “alarmante”. Sin embargo, lo más relevante no es sólo el cambio político, sino la escala del recurso que está sobre la mesa: alrededor de 64 MMMbpce de potencial no convencional identificado en estudios de Pemex y SENER.
De acuerdo con documentos técnicos presentados por Pemex en foros especializados, las cuencas Sabinas–Burro Picachos, Burgos y Tampico–Misantla concentran una parte sustancial de este potencial, con zonas ricas en materia orgánica y ventanas de gas y líquidos comparables a plays estadounidenses como Eagle Ford. El estimado de 64 MMMbpce incluye recursos prospectivos de shale gas y shale oil que, en teoría, podrían sostener la producción durante décadas si se desplegara un programa masivo de desarrollo no convencional.
Frente a esa cifra, los planes actuales de Pemex lucen modestos. La estrategia hasta 2035 plantea que los campos no convencionales aporten una contribución “modesta” entre 2026 y 2028 y volúmenes “significativos” a partir de 2029, con una producción acumulada proyectada a 2030 de 197 millones de barriles de crudo y 303 mil millones de pies cúbicos de gas, apenas una fracción del recurso total. Los pilotos que hoy evalúa el gobierno en Coahuila y Tamaulipas se insertarían en ese horizonte conservador: serían más un laboratorio que un salto estructural.
El contraste se vuelve más claro al mirar la dependencia actual del gas estadounidense. La Administración de Información Energética (EIA) y fuentes especializadas calculan que México importa hoy entre 6 y 7 Bcf/d de gas por ductos desde Estados Unidos; en 2025 el promedio fue 6.64 Bcf/d, un récord histórico. Sólo en junio, Eagle Ford produjo 4.3 Bcf/d de gas, una cifra similar a toda la producción nacional de Pemex. En ese contexto, los defensores del fracking argumentan que los pilotos son el primer paso para aprovechar recursos propios y reducir vulnerabilidades externas.
Sheinbaum, que antes se oponía abiertamente al fracking, ya matizó su postura. En abril explicó que su rechazo era al “fracking tradicional” y que hoy existen tecnologías “más limpias”, con uso de agua reciclada o no potable y menor impacto ambiental. La presidenta creó un comité de especialistas en geología, agua, ingeniería y medio ambiente para evaluar opciones y presentar recomendaciones, las cuales ya fueron entregadas a Palacio Nacional. Según fuentes citadas por Reuters, si la decisión es favorable, Pemex podría iniciar los primeros pilotos desde septiembre.
Pero el potencial no convencional no está exento de riesgos. Cada área de desarrollo presenta desafíos específicos: Coahuila es gobernado por la oposición y requerirá coordinación política; Tamaulipas enfrenta problemas de seguridad ligados al crimen organizado; Tampico–Misantla tiene zonas con estrés hídrico, lo que complica el uso intensivo de agua para fractura. Además, la experiencia internacional muestra que los pozos no convencionales declinan rápido y exigen inversiones continuas para sostener la producción, lo que obliga a pensar en una estrategia de largo plazo, más allá de pilotos aislados.
Dimensionar el debate es clave: los proyectos piloto en Coahuila y Tamaulipas tocarían apenas una fracción del gigante de 64 MMMbpce de recursos prospectivos. La decisión real que enfrenta México no es sólo “fracking sí o no”, sino qué parte de ese recurso está dispuesto a transformar en reservas y producción a costa de impactos ambientales, sociales y financieros, y qué parte prefiere dejar enterrada mientras acelera la transición energética. Entre los extremos, hay un espacio para una ruta intermedia: pilotos acotados, monitoreo ambiental estricto, participación comunitaria y transparencia en costos y beneficios.
La forma en que se diseñen y comuniquen estos proyectos piloto —y cómo se incorporen las lecciones aprendidas— definirá si el fracking mexicano se queda como experimento controlado o abre la puerta a un cambio profundo en la matriz gasífera nacional.
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📌Ficha del caso
- Decisión en curso: La presidencia evalúa pilotos de fracking en Coahuila y Tamaulipas para aumentar la producción de gas doméstico.
- Potencial no convencional total: ~64 MMMbpce de recursos prospectivos en cuencas Sabinas–Burro Picachos, Burgos, Tampico–Misantla y otras.
- Meta de producción no convencional a 2030: 197 millones de barriles de crudo y 303 Bcf de gas acumulados, según estrategia Pemex 2035.
- Dependencia actual de gas de EE.UU.: 6–7 Bcf/d de importaciones por ductos; récord de 7.5 Bcf/d en mayo de 2025.
- Cambio de postura presidencial: De oposición frontal al fracking a aceptación de “nuevas tecnologías” con menor impacto ambiental y uso de agua no potable.
- Principales riesgos: Gobernabilidad en Coahuila, seguridad en Tamaulipas, estrés hídrico en Tampico–Misantla, declino rápido de pozos y necesidad de inversión continua.











