El costo fiscal para contener la inflación energética en el país ha comenzado a reflejarse en los balances de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Durante mayo, la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicado a las gasolinas y el diésel registró un desplome anual del 27.6%, como consecuencia directa de la activación de los estímulos fiscales de emergencia aplicados por el gobierno federal.
¿Por qué importa? Esta contracción representa un fuerte golpe a los ingresos tributarios no petroleros del país, restando un espacio fiscal considerable al gasto público en el arranque del año. No obstante, la estrategia funcionó como un amortiguador macroeconómico indispensable: al absorber parte del costo del IEPS, la federación evitó que el “gasolinazo” internacional se trasladara íntegramente a las estaciones de servicio, salvaguardando el poder adquisitivo de los consumidores y frenando una espiral inflacionaria en los costos logísticos del sector transporte y de los alimentos basicos.
La radiografía del boquete fiscal en mayo
Los indicadores publicados por la SHCP muestran la magnitud del sacrificio presupuestal realizado para estabilizar el mercado de combustibles:
- Aporte mensual: En el quinto mes del año, el IEPS a gasolinas y diésel captó 28,126.1 millones de pesos.
- La pérdida neta: La cifra se tradujo en una pérdida real de prácticamente 9,270 millones de pesos en comparación con el monto recaudado durante el mismo mes del año anterior.
- El origen técnico: El retroceso no se debió a una menor venta de litros en las estaciones de servicio, sino a que Hacienda recortó la tasa del impuesto cobrado por cada litro (otorgando el estímulo) para compensar el alza de los precios de referencia en la Costa del Golfo de los EE. UU.
La tormenta perfecta: Petróleo de 100 dólares y tensión geopolítica
El subsidio gubernamental fue la respuesta directa a un escenario de volatilidad internacional extrema en los mercados de materias primas (commodities):
- El factor bélico: El mercado de hidrocarburos se vio sacudido por el conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán, iniciado el pasado 28 de febrero. A pesar de que actualmente las naciones se encuentran en un proceso de negociación de paz, el ambiente diplomático y comercial se mantiene tenso.
- Barril por las nubes: La incertidumbre en el Golfo Pérsico disparó las cotizaciones internacionales del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, nivel en el que se mantuvieron de forma sostenida desde mediados de marzo y hasta la mitad de mayo.
- El pacto con gasolineros: Para evitar que la Magna rompiera techos históricos, el Gobierno Federal selló un acuerdo con las principales organizaciones de expendedores del país (como Onexpo y los distribuidores independientes) para mantener el precio de la gasolina regular por debajo de los 24 pesos por litro.
El revés en el mercado del diésel:
Donde la estrategia oficial encontró resistencia técnica y de mercado fue en el sector del transporte pesado. El gobierno intentó fijar de forma unilateral un tope máximo de precio de 27 pesos por litro al público para el diésel, un insumo crítico para el sector logístico e industrial. Sin embargo, debido a los elevados costos de importación y los márgenes de operación de los distribuidores privados, dicho tope no pudo sostenerse con éxito, obligando a las flotas comerciales a absorber tarifas superiores en diversas rutas del país.
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