La contabilidad no entiende de ideológica, sino de certeza. Por ello, la denuncia pública emitida por la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios Petroleros (Amespac) a la Presidencia de la República trasciende el simple reclamo de una deuda comercial. Representa un llamado de alerta sobre una práctica contable opaca que bordea el engaño institucional. Se trata de la negativa sistemática de Petróleos Mexicanos (Pemex) a emitir la Codificación de Pagos y Descuentos (COPADE) para los trabajos concluidos en 2024.
Al congelar la emisión de estos folios, Pemex impide que los proveedores registren oficialmente sus facturas en el sistema. En la práctica, lo que la petrolera estatal ejecuta es un truco de magia financiera. Si la factura no entra al sistema COPADE, la deuda “no existe” contablemente en sus pasivos inmediatos. Sin embargo, los trabajos de exploración y extracción por más de 27,240 millones de pesos ya se realizaron. Las plataformas operaron, el personal cobró sus sueldos y los insumos se consumieron. Pretender maquillar la salud financiera de la empresa retrasando artificialmente el reconocimiento del gasto no elimina la obligación; solo acumula una bomba de tiempo.
El problema adquiere dimensiones globales porque entre las 49 empresas agrupadas en Amespac se encuentran multinacionales de servicios petroleros que cotizan en la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE). A diferencia de la discrecionalidad con la que Pemex administra sus boletines de prensa, las empresas que cotizan en el mercado estadounidense están sujetas a la supervisión de la Securities and Exchange Commission (SEC) y a los estrictos estándares contables U.S. GAAP.
Para estas firmas, un trabajo entregado y no reconocido mediante el folio oficial constituye una cuenta por cobrar de alta antigüedad y elevado riesgo de mora. Estas empresas están legalmente obligadas a reportar ante la SEC este deterioro operativo y la falta de certeza en el cobro. En términos claros. La estratagema de Pemex para ocultar sus pasivos a corto plazo termina expuesta en los reportes financieros presentados en Wall Street. Engañar o dilatar el registro frente a las normativas de la SEC no solo destruye la credibilidad de la paraestatal, sino que incrementa el riesgo de un recorte en la calificación crediticia de Pemex y, en consecuencia, encarece la deuda soberana de todo el país.
Aunque los compromisos de 2025 y 2026 han contado con una cobertura parcial mediante el esquema transitorio “Onyx” —respaldado por Banobras y la Tesorería de Pemex—, el boquete de 2024 permanece como una herida abierta sin explicación técnica. Amespac ha planteado cuatro exigencias mínimas para frenar esta parálisis. La liberación inmediata de los folios COPADE de 2024, la instalación de una mesa de trabajo Pemex-Amespac, un esquema claro de conciliación y una respuesta formal con plazos definidos de pago.
Ignorar estas peticiones atenta contra las metas de inversión del Plan México. La cadena de suministro del sector energético no puede operar a crédito perpetuo ni bajo maniobras que ocultan la realidad financiera. Mientras la cúpula de la petrolera intente evadir sus compromisos ahogando a los proveedores en un limbo burocrático, las autoridades financieras internacionales seguirán tomando nota, especialmente las de Estados Unidos. La certidumbre regulatoria y el respeto a las mejores prácticas corporativas no son opcionales; son la única vía para evitar que la falta de transparencia en Pemex termine contagiando el crédito y la estabilidad de las finanzas públicas nacionales.
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