La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) enfrenta su momento más complejo. De acuerdo con Larry Rubin, presidente de la American Society of Mexico, la administración estadounidense tiene identificados dos obstáculos centrales que frenan el avance hacia la ratificación del acuerdo: la política energética que favorece a Petróleos Mexicanos (Pemex) y la creciente penetración económica de China en la región.
Ambos temas ya forman parte de la agenda prioritaria que sostiene el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, en sus reuniones en Palacio Nacional. Aunque existen cerca de 15 puntos de fricción dentro del mapa de negociación, la postura en Washington considera que estos dos factores son urgentes e irrenunciables si México busca extender la vigencia del tratado por 16 años más.
El trato preferencial a Pemex violenta el espíritu del acuerdo
La política energética mexicana se mantiene bajo un intenso escrutinio por parte de los inversionistas privados y del gobierno estadounidense. Rubin explicó que Washington observa con severa preocupación cómo la regulación y el marco operativo local continúan privilegiando a Pemex por encima de las empresas privadas extranjeras.
Esta práctica de protección y favorecimiento hacia las paraestatales contraviene de manera directa las disposiciones de competencia justa asumidas en el texto del T-MEC. Desde la perspectiva estadounidense, consolidar monopolios u otorgar ventajas comerciales a empresas del Estado vulnera el principio de piso parejo, minando la certeza jurídica requerida para mantener una integración económica profunda en Norteamérica.
El factor China y el riesgo de la triangulación comercial
El segundo eje de tensión radica en el papel de China dentro de la cadena de suministro regional. Organismos empresariales como el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (Comce) y la American Chamber of Commerce of Mexico (AmCham México) coinciden en que la competencia con el gigante asiático se ha convertido en el pilar rector de la política comercial estadounidense.
Pedro Casas, vicepresidente de AmCham México, ha enfatizado que la utilización de territorio mexicano como plataforma de triangulación o ensamblaje para que empresas chinas accedan al mercado estadounidense es vista en Washington como una amenaza a la seguridad económica regional. Esta dinámica ha transformado a China en un actor no deseado, pero omnipresente dentro de las negociaciones del bloque trilateral.
Un margen de un año para corregir el rumbo
Mucho del clima de incertidumbre que rodea la renovación del T-MEC pudo haberse evitado si las reformas regulatorias se hubieran emprendido con anticipación y no bajo la presión del proceso formal de revisión.
A pesar del escenario adverso provocado por la decisión de no optar por una renovación automática, México aún dispone de una ventana de aproximadamente un año para realizar los ajustes estructurales necesarios. La recomendación del sector empresarial estadounidense es clara: coordinarse estrechamente con Washington para preservar el acuerdo comercial, entendiendo que el costo de no hacerlo implicaría un impacto devastador para el empleo, la inversión y la estabilidad económica del país.
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📌 Ficha del caso
- Puntos críticos de negociación: Trato preferencial a Pemex y penetración comercial de China.
- Vocero clave: Larry Rubin, presidente de la American Society of Mexico.
- Autoridad negociadora de EE. UU.: Jamieson Greer, representante comercial estadounidense.
- Organismos coincidentes: AmCham México y Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (Comce).
- Violación regulatoria señalada: Trato discriminatorio a inversionistas privados en favor de Pemex en el sector energético (contrario a los principios del T-MEC).
- Riesgo geoeconómico: Uso de México como plataforma de exportación y triangulación por parte de empresas chinas hacia el mercado estadounidense.
- Plazo de resolución: Un año para implementar ajustes y asegurar la ratificación del tratado por 16 años adicionales.








