Petróleos Mexicanos (Pemex) atraviesa una crisis ecológica severa. Una cadena de explosiones, incendios y derrames ha evidenciado que la falta de mantenimiento, los errores humanos y el vandalismo han convertido a la infraestructura petrolera en una amenaza constante para el medio ambiente.
¿Por qué importa? El daño trasciende a las comunidades locales. Pemex mantiene un alto índice de emisiones que contribuyen aceleradamente al cambio climático. A largo plazo, esta negligencia afectará la meta de autosuficiencia energética del país y encarecerá drásticamente la obtención de financiamiento internacional, al ahuyentar a inversores preocupados por criterios ambientales.
El problema de fondo: Gonzalo Monroy, director de la consultoría GMEC, advierte que la crisis de Pemex es un problema “estructural y multifactorial”.
- Regulación obsoleta: La normativa ambiental mexicana es prácticamente la misma desde 1980; es insuficiente y no cuenta con incentivos para evitar que los incidentes se repitan.
- Cifras irreales: Pemex solo reconoce 500 millones de dólares en pasivos ambientales, una cifra que, según los expertos, no refleja la verdadera magnitud de los impactos ecológicos acumulados.
Los números de la contaminación: Durante el primer trimestre del año, la petrolera arrojó cifras récord de contaminación atmosférica. La empresa culpa al aumento en refinación en Dos Bocas, pero los datos revelan graves problemas operativos:
- Quema y venteo: Se disparó un 78.6%, desperdiciando 618 millones de pies cúbicos de gas al día (9.7% de su producción total).
- Dióxido de carbono (CO2): Las emisiones saltaron a 20.1 millones de toneladas, un alza del 37.7%.
- Metano: Creció un 51.2%, totalizando 234 mil toneladas.
- Óxido de azufre: Alcanzó 385.2 mil toneladas, un incremento del 14.3% y su nivel más alto desde 2012, de acuerdo con el IMCO.
Un historial de desastres y opacidad: Los incidentes no son hechos aislados, sino un patrón destructivo:
- El “ojo de fuego” (2021): Una fuga submarina en el Golfo de México catalogada mundialmente como un ecocidio.
- Plataforma Nohoch-A (2023): Una explosión en la Sonda de Campeche que dejó víctimas fatales, seguida de un derrame que la empresa intentó minimizar.
- Abkatún Alfa (Reciente): Un derrame por falla de infraestructura donde al menos tres directivos intentaron ocultar la gravedad. Fueron denunciados ante la FGR, pero el caso sigue en la sombra.
- Dos Bocas: Los derrames han contaminado cuerpos de agua como el río Seco y la laguna Mecoacán, provocando demandas de Greenpeace contra la petrolera.
Lo que sigue: Sin un cambio radical hacia el mantenimiento correctivo y preventivo, y sin una actualización profunda de las leyes de la ASEA, la normalización de fugas y desastres seguirá marcando la operación de Pemex.











