Petróleos Mexicanos difundió un nuevo comunicado sobre el pozo Krem‑1, en Las Choapas, Veracruz, en el que asegura que la contingencia está bajo control, que la calidad del aire cumple la norma y que ya despliega unidades médicas y obras sociales en la región. A más de 100 días del inicio del incendio, testimonios en campo y reportes independientes siguen describiendo una emergencia ambiental y sanitaria sin diagnóstico público completo.
Pemex habla de “plan integral” y sofocación inminente
En su posicionamiento más reciente, Pemex afirma que continúa implementando un “plan integral” para atender el incidente en el pozo exploratorio Krem‑1, ubicado en el municipio de Las Choapas, Veracruz.
De acuerdo con la empresa, ya concluyó “obras de infraestructura crítica” para garantizar el control del pozo y actualmente realiza remoción de componentes dañados y preparativos superficiales que permitirán, “en los siguientes días”, sofocar el incendio y taponar el pozo.
El mensaje refuerza la narrativa de que la fase operativa más delicada está terminando y que la empresa mantiene presencia técnica, humana y material “hasta restablecer plenamente las condiciones de la zona”.
Esto contrasta con el hecho de que el incendio acumula más de 100 días activo, según medios y autoridades locales, con una llamarada visible a kilómetros de distancia y una pluma de emisiones que se ha mantenido sobre la región desde marzo.
Aire “dentro de la norma”, malestares fuera del boletín
Pemex subraya que, en paralelo, se mantienen acciones de monitoreo ambiental, control operativo y supervisión continua en la zona de Krem‑1.
Con apoyo del Instituto Mexicano del Petróleo, la empresa asegura que los análisis de calidad del aire en comunidades cercanas muestran concentraciones de contaminantes atmosféricos “por debajo de los límites permisibles establecidos en la normatividad vigente”.
A partir de ese dato, el comunicado concluye que “no se identifican riesgos ni afectaciones a la salud de la población”.
Sin embargo, reportajes en campo recogidos en los últimos días han documentado testimonios de habitantes que, desde marzo, refieren irritación de garganta, dolores de cabeza, mareos, vómito en niños, problemas respiratorios y caída de residuos sobre techos, cultivos y cuerpos de agua.
Hasta ahora, Pemex no ha publicado tablas detalladas de medición por comunidad, ni la serie histórica completa de contaminantes, ni un monitoreo epidemiológico que permita cruzar las mediciones con los síntomas reportados en clínicas y centros de salud.
Organizaciones y pobladores reclaman que, sin datos abiertos y peritajes independientes, la afirmación de que “no hay riesgos” se queda en una declaración corporativa difícil de contrastar con la realidad en territorio.
Unidades médicas y obras viales: mitigación tardía
En el capítulo de “responsabilidad social”, Pemex informa que, en coordinación con el gobierno municipal, dos Unidades Médicas Móviles operan de manera permanente para otorgar servicios médicos generales, odontológicos, mastografías, análisis clínicos, electrocardiogramas, rayos X y entrega de medicamentos.
Además, se comprometió a pavimentar con asfalto caliente el camino del ejido Río Playas al ejido El Remolino y a entregar concreto al ayuntamiento para mejorar caminos rurales que conectan a comunidades de la zona impactada.
Estas acciones llegan después de más de tres meses de demandas comunitarias por atención médica especializada, diagnóstico de daños y apoyo a productores agrícolas y ganaderos afectados por humo, lluvia ácida y contaminación del agua.
Para organizaciones locales, las unidades móviles y las obras carreteras representan un primer paquete de mitigación social, pero no sustituyen un plan de reparación integral que evalúe y compense las pérdidas en cultivos, ganado, cuerpos de agua y salud comunitaria.
De la “ausencia de riesgo latente” a la emergencia prolongada
Antes del incidente, la documentación de evaluación de riesgos presentada por Pemex planteaba que las actividades en Krem‑1 eran seguras y que “no existían riesgos latentes” para la población ni para el medio ambiente.
La explosión de marzo, el incendio prolongado, la afectación a decenas de comunidades y los daños reportados en ecosistemas agrícolas y acuáticos contradicen ese escenario de riesgo casi nulo y exhiben la fragilidad de los supuestos técnicos que respaldaron el proyecto.
El nuevo comunicado intenta enviar el mensaje de que la empresa retoma el control y acompaña a la población con monitoreos, unidades médicas y obras de infraestructura.
Pero mientras no haya transparencia plena sobre qué se ha respirado, qué se ha contaminado y cómo se van a reparar los daños, Krem‑1 seguirá siendo para las comunidades algo muy distinto a un caso “bajo control”: una emergencia petrolera extendida que todavía no encuentra una respuesta a la altura de sus impactos.











