México está estrenando un nuevo modelo para invertir en renovables: no es la subasta clásica ni el proyecto 100% privado, sino la sociedad directa con la Comisión Federal de Electricidad. La alianza que Cubico Sustainable Investments acaba de firmar con CFE, para desarrollar 578 MWac de proyectos renovables y 175.7 MW de almacenamiento BESS, es posiblemente el caso más claro de esta nueva etapa.
La lógica política ya se conocía: la reforma energética 2025 fijó que CFE retenga al menos 54% de la generación, mientras hasta 46% queda disponible para esquemas privados bajo seis modalidades. El programa de Inversiones Mixtas de CFE —con la histórica primera convocatoria de 7.4 GW adjudicados en junio— es la traducción operativa de ese diseño: proyectos renovables donde el Estado mantiene control, pero comparte riesgo, CAPEX y operación con empresas como Cubico, Polaris y otros jugadores.
Lo relevante del anuncio de Cubico es el paso de “contratos adjudicados” a “empresa conjunta firmada”. La firma comunicó que selló un Acuerdo de Empresa Conjunta con CFE para desarrollar cinco proyectos adjudicados en el programa de inversión mixta, que en conjunto suman 578 MWac de energía renovable y 175.7 MW de capacidad BESS con alrededor de 500 MWh de almacenamiento. No se trata de ser simplemente EPC o arrendador; Cubico será socio en una alianza público‑privada a largo plazo, con participación en gobierno corporativo y responsabilidad sobre diseño, construcción y operación.
Para el sector privado, esto reabre preguntas clave sobre riesgos y gobernanza. Un modelo en el que CFE entra como socio implica repartir responsabilidades: el Estado aporta derechos de interconexión, respaldo institucional, acceso a planificación y, en muchos casos, la relación con el despacho; el socio privado aporta capital, tecnología, ejecución y gestión operativa. Pero también implica compartir decisiones sobre flujos de caja, prioridades de reinversión y resolución de controversias bajo un marco donde la planeación vinculante de SENER y CENACE pesa tanto como el contrato comercial.
Desde la banca, el atractivo de este modelo es evidente: la presencia de CFE como co‑inversionista y off‑taker de largo plazo mejora la percepción de riesgo crediticio frente a proyectos puramente merchant o con PPAs privados de menor tamaño. La existencia de activos BESS asociados —en este caso 175.7 MW— refuerza el valor del portafolio al aportar servicios de confiabilidad y flexibilidad, alineados con las nuevas DACGs de almacenamiento que buscan integrar baterías de forma ordenada al sistema.
Sin embargo, no todo es ventaja automática. El mismo entorno que hace atractiva la alianza también introduce complejidades: la capacidad de CFE para ejecutar en tiempos, la coordinación entre áreas técnicas y financieras, y la interacción con regulaciones que priorizan confiabilidad y planeación por encima de eficiencia puramente económica. Además, las empresas conjuntas se mueven en un marco donde políticas tarifarias, reglas de transmisión y lineamientos de migración de esquemas legados pueden cambiar el valor de los proyectos a lo largo de su vida útil.
Para otros desarrolladores y fondos, el caso Cubico funciona como prueba piloto de lo que puede ser el “nuevo estándar” para entrar a renovables en México. En lugar de buscar espacios marginales, muchos actores podrían preferir participar en rondas futuras de inversión mixta o replicar la estructura de empresa conjunta, especialmente si quieren posicionarse como socios de referencia en fases posteriores del programa.
El ángulo empresarial más interesante es que este modelo no sólo sirve para grandes fondos internacionales. Empresas mexicanas con capacidad técnica, pero sin acceso a balance general tan robusto, pueden visualizar alianzas híbridas donde aporten ingeniería, construcción y operación bajo estructuras donde CFE y fondos globales aporten capital y respaldo financiero. La clave será entender bien las reglas del programa, los criterios de selección de socios y los compromisos de largo plazo que acompañan a cada proyecto.
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En un momento en que México busca atraer hasta US$18,000 millones de inversión en renovables pese a la desaceleración global, las alianzas público‑privadas de largo plazo pueden convertirse en pieza central. El caso Cubico–CFE muestra que el discurso de “inversión mixta” ya dejó la etapa declarativa y entró en la fase contractual. El próximo paso será ver si estos proyectos se construyen en tiempo, entregan la capacidad prometida y generan un historial suficiente para que otros empresarios decidan que, en el nuevo tablero, ser socio de CFE es una opción tan rentable como ser independiente.
📌 Ficha del caso
- Actores principales:
- CFE (empresa estatal eléctrica).
- Cubico Sustainable Investments (fondo internacional de renovables).
- Esquema:
- Acuerdo de Empresa Conjunta (joint venture) dentro del Programa de Inversiones Mixtas de CFE.
- Capacidad adjudicada:
- 578 MWac de proyectos renovables (principalmente solar y eólica).
- 175.7 MW de BESS (~500 MWh de almacenamiento).
- Marco político‑regulatorio:
- Reforma energética 2025: CFE con 54% mínimo de generación, 46% para privados bajo seis modalidades.
- Plan de expansión renovable (meta interna de ~7.4 GW verdes en primera ola mixta).
- Objetivo estratégico:
- Desarrollar portafolio renovable con almacenamiento asociado bajo esquema mixto, reforzar confiabilidad y avanzar en metas de transición energética.
- Implicaciones empresariales:
- Reparto de riesgo y gobernanza entre Estado y fondo.
- Mejora de bancabilidad por presencia de CFE como socio y off‑taker.
- Necesidad de alineación con planeación vinculante de SENER y reglas de CENACE.











