El suministro energético mundial ha entrado en su fase más crítica en lo que va del año. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) anunció a primeras horas de este domingo el cierre del Estrecho de Ormuz hasta nuevo aviso, una decisión tomada como respuesta directa a una nueva ronda de bombardeos perpetrados por las fuerzas armadas de los Estados Unidos contra objetivos militares iraníes el pasado 11 de julio. A través de la agencia de noticias Tasnim, afiliada al IRGC, el régimen advirtió de forma tajante que no se permitirá el paso de ninguna embarcación por esta vía internacional hasta que concluyan las “intervenciones estadounidenses” en la región.
Casi de inmediato, el Comando Central de los Estados Unidos (Centcom) desmintió la validez del bloqueo a través de un comunicado en la plataforma X, asegurando que el Estrecho de Ormuz permanece abierto para el tránsito legal de todos los buques comerciales. “Irán no controla el estrecho. El tráfico está fluyendo”, afirmó el Centcom en un intento por calmar los mercados. Sin embargo, los reportes en tiempo real de MarineTraffic muestran una realidad alarmante: los datos visibles del sistema de identificación automática (AIS) no registran tráfico activo por el estrecho. Aunque algunas embarcaciones podrían estar cruzando con sus sistemas de rastreo deliberadamente apagados, el drástico incremento del riesgo de seguridad amenaza con frenar en seco la recuperación de las exportaciones de crudo del Golfo Pérsico.
La nueva espiral de violencia se desencadenó tras un ataque armado contra el buque portacontenedores GFS Galaxy —de bandera chipriota— mientras transitaba por la ruta sur del estrecho, cerca de las costas de Omán. El impacto provocó un fuerte incendio a bordo y severos daños en el cuarto de máquinas, obligando a la tripulación civil a evacuar la embarcación en botes salvavidas que posteriormente fueron rescatados por las autoridades omaníes. El Centcom reportó que un miembro de la tripulación civil se encuentra desaparecido.
En represalia por esta agresión, aviones y sistemas de misiles estadounidenses completaron una tercera ronda de ataques aéreos masivos la noche del 11 de julio, impactando de forma simultánea cerca de 140 objetivos militares dentro de Irán. La ofensiva de Washington destruyó:
- Sitios de lanzamiento de drones y misiles iraníes.
- Infraestructura y capacidades navales de la Guardia Revolucionaria.
- Depósitos de municiones y redes estratégicas de comunicación.
- Estaciones de vigilancia costera y radares de posicionamiento.
Como contraofensiva, la división aeroespacial del IRGC afirmó haber bombardeado plataformas de reabastecimiento de combustible y centros de soporte logístico vinculados a portaaviones estadounidenses en el estratégico puerto de Duqm, en Omán. Asimismo, la agencia estatal de Omán denunció ataques con drones en la gobernación de Musandam, en el extremo norte del país, lo que provocó una enérgica condena diplomática por parte del gobierno omaní ante la violación de su espacio territorial.
Impacto inmediato en empresas y mercados mexicanos
El bloqueo físico o el cese temporal del tráfico en Ormuz —por donde transita más del 20% del consumo mundial de petróleo— representa un choque de oferta que impactará directamente la economía mexicana a través de tres frentes críticos:
Esta crisis reactiva las proyecciones más pesimistas de precios. Un estrecho cerrado de forma indefinida empujará de inmediato al crudo Dubái y al Brent hacia niveles récord (reeditando los picos de 166 dólares observados en marzo pasado). Para Pemex, esto generará un incremento artificial en el valor de la Mezcla Mexicana de Exportación, pero el beneficio fiscal será completamente devorado por el encarecimiento de las importaciones de gasolina y diésel que el país requiere para abastecer su mercado interno.
Catar, uno de los mayores exportadores mundiales de Gas Natural Licuado (GNL), depende exclusivamente del Estrecho de Ormuz para mover sus barcos hacia Europa y Asia. Al cerrarse la vía, las naciones asiáticas y europeas buscarán acaparar de forma desesperada el gas disponible en los puertos de la costa del Golfo de los Estados Unidos (Texas y Luisiana). Esta presión compradora internacional elevará los índices Henry Hub y Waha, encareciendo de inmediato el gas por ducto que importa el sector industrial mexicano y los clústeres de centros de datos en el Bajío.
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Ante la inminente subida de precios energéticos en Norteamérica, las grandes industrias mexicanas deben activar sus Planes de Continuidad Operativa. Se anticipa un encarecimiento en el costo de los servicios complementarios del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) debido a que la CFE tendrá que quemar combustibles más caros para sostener la red. Las empresas con tarifas indexadas al spot enfrentarán un estrés financiero inmediato, validando la urgencia de migrar hacia contratos de cobertura financiera o esquemas híbridos para mitigar este choque geopolítico global.


