El sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018) pasará a la historia como el momento en que el cinismo y el diseño de PowerPoints alcanzaron su máxima expresión. Bajo el “Pacto por México” y la idea de la Reforma Energética, se nos prometió que los capitales extranjeros lloverían sobre el territorio nacional y que Pemex se transformaría en una “empresa productiva del Estado”, compitiendo al tú por tú con las grandes firmas globales.
El error más grande de EPN fue haber seleccionado para liderar este despegue hacia el primer mundo a Emilio Lozoya Austin (2012-2016), relevado posteriormente por José Antonio González Anaya (2016-2017) y Carlos Treviño (2017-2018), quienes poco pudieron hacer para salvar el barco.
Los resultados de tanta modernización cosmopolita en la petrolera estatal están a la vista de cualquiera que sepa leer un balance financiero. La deuda se recibió en 58,646 millones de dólares y se entregó en la estratosfera, tocando los 103,761 millones en 2018. Un incremento neto del 77%.
Si juntamos los años de Calderón y Peña Nieto, el panorama es de antología. Ya que la deuda creció un 92%, metiéndole 63,000 millones de dólares adicionales al agujero negro de la empresa petrolera estatañ. Y todo esto, insisto para que no se pierda el chiste, ocurrió manteniendo una trayectoria de cero fortaleza productiva. La producción iba a la baja, pero el ritmo de endeudamiento iba al alza.
¿Dónde quedó ese dinero si no fue en plantas nuevas o en tecnología de perforación de aguas profundas?
No, se utilizó para comprar plantas de fertilizantes improductivas y para lo de siempre. En refinanciar pasivos vencidos y seguir manteniendo a flote el gasto de un gobierno federal que no quería recortarse el cinturón.
El periodo de Lozoya se pretendió que se podía operar una empresa en quiebra técnica como si fuera una corporación de la lista Fortune 500, pagando asesores, estructurando bonos insostenibles y comprando plantas de fertilizantes chatarra a sobreprecio, mientras las plataformas en el Golfo de México se sostenían con alfileres.
Peña Nieto se despidió dejando a Pemex formalmente registrada como el paciente más enfermo del sistema financiero internacional, habiendo roto con orgullo la barrera de los 100,000 millones de dólares en números rojos.
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