El gas natural ya no es sólo un insumo industrial o un combustible para centrales eléctricas: es la columna vertebral de la integración energética entre México y Estados Unidos. Durante agosto de 2026, las importaciones mexicanas de gas natural estadounidense rebasaron 8 Bcf/d, impulsadas por el calor, el consumo eléctrico y precios competitivos en Texas. El dato confirma una dependencia estructural que ha permitido sostener la expansión industrial y eléctrica del país, pero que también expone a México a riesgos de infraestructura, clima, precios y competencia por suministro.
La discusión pública suele reducirse a si México importa demasiado gas. La pregunta más útil es otra: ¿en qué regiones, por qué ductos, para qué usos y bajo qué condiciones depende el país de ese gas? El nuevo mapa energético muestra que la vulnerabilidad no es uniforme. Mientras algunas regiones cuentan con diversas rutas de suministro y capacidad disponible, otras enfrentan restricciones, baja redundancia o una creciente competencia entre centrales eléctricas, industria y exportaciones de LNG.

El gas como infraestructura crítica
México ha incrementado su consumo de gas natural por el crecimiento de centrales eléctricas de ciclo combinado, la expansión industrial y el desarrollo de nuevos corredores manufactureros. Entre 2019 y 2024, el consumo nacional de gas pasó de 7.7 Bcf/d a 8.6 Bcf/d. Al mismo tiempo, la producción doméstica no ha logrado cubrir el aumento de la demanda, consolidando al gas de Estados Unidos como fuente indispensable para el sistema.
En 2024, las exportaciones por ducto de Estados Unidos a México promediaron 6.4 Bcf/d, máximo histórico anual. En mayo de 2025 alcanzaron 7.5 Bcf/d, entonces un récord mensual. Para agosto de 2026, NGI reportó que los flujos superaban 8 Bcf/d, 5% por encima de julio y 3% mayores que en agosto del año anterior.
Esta evolución es resultado de una integración física construida durante más de una década. Ductos, interconexiones y contratos de transporte conectan las cuencas gasíferas estadounidenses con regiones industriales, centrales de generación y ciudades mexicanas. El gas llega con rapidez y, en condiciones normales, con precios competitivos. Eso ha permitido desplazar combustibles más caros o contaminantes, especialmente combustóleo y diésel, pero también ha creado una dependencia de infraestructura transfronteriza.

Cuatro entradas, riesgos distintos
El gas estadounidense ingresa a México por cuatro corredores principales: sur de Texas, oeste de Texas, Arizona y California. La capacidad conjunta de estas rutas ronda 14.8 Bcf/d. En 2024, el sistema operó con una utilización promedio de 43%, lo que sugiere disponibilidad agregada; sin embargo, la cifra nacional esconde limitaciones regionales y problemas de capacidad en tramos específicos.
El sur de Texas abastece principalmente al noreste, la costa del Golfo y algunos corredores industriales conectados con Tamaulipas, Nuevo León y el centro del país. Agua Dulce es un punto relevante de formación de precios y suministro, particularmente para el gas que cruza hacia el norte mexicano.
El oeste de Texas conecta el gas de la cuenca Permian con el norte, occidente y centro de México. Waha, el hub del Permian, se ha vuelto una referencia fundamental para consumidores mexicanos. Las exportaciones desde esta zona crecieron de 0.6 Bcf/d en 2019 a 1.8 Bcf/d en 2024, reflejando la ampliación de ductos y el mayor peso del gas del Permian.
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Las rutas de Arizona y California atienden a Baja California y al noroeste. Aunque representan un menor volumen en el agregado nacional, son estratégicas porque conectan mercados con menor integración a la red nacional. Para Baja California, la disponibilidad de gas estadounidense depende de infraestructura localizada y de condiciones operativas que pueden cambiar rápidamente.
La concentración es evidente: los corredores del sur y oeste de Texas representaron 91% de las exportaciones estadounidenses por ducto a México en 2024. Esto significa que la competitividad energética mexicana está cada vez más vinculada a precios, producción, mantenimiento y clima en Texas.

Electricidad, industria y LNG
El principal motor de la demanda es la generación eléctrica. Durante olas de calor, la necesidad de aire acondicionado eleva el despacho de centrales de ciclo combinado y, con ello, el consumo de gas. Agosto mostró esta relación: temperaturas elevadas y costos competitivos empujaron las importaciones a niveles superiores a 8 Bcf/d.naturalgasintel+1
La industria también depende de este suministro. Acero, vidrio, cemento, química, alimentos, automotriz y manufactura de exportación requieren gas como combustible y materia prima. Para el nearshoring, disponer de gas competitivo puede ser una ventaja; pero carecer de capacidad firme de transporte puede convertirse en una barrera de inversión.
Ahora aparece un tercer competidor: el LNG. México comienza a usar gas estadounidense no sólo para consumo interno, sino como insumo para licuar y exportar hacia Asia y Europa. Energía Costa Azul LNG, en Baja California, incorporó una nueva fuente de demanda sobre los flujos regionales. En el Golfo, terminales de LNG en Tamaulipas también pueden reforzar la competencia por moléculas y capacidad de ductos.
El reto no es plantear una oposición automática entre LNG, industria y electricidad. El reto consiste en planear infraestructura para que el crecimiento de un sector no limite el desarrollo de otro. Sin coordinación, una terminal de exportación puede presionar la disponibilidad regional; con expansión de ductos, almacenamiento y reglas transparentes, puede generar nueva demanda y mayor inversión.
El riesgo de la abundancia
La abundancia de gas estadounidense puede dar una falsa sensación de seguridad. México dispone de acceso a uno de los mercados gasíferos más grandes del mundo, pero ese acceso depende de condiciones físicas y comerciales específicas.
Un evento meteorológico en Texas, mantenimiento en un ducto, problemas de compresión, restricciones en un punto de interconexión o un repunte de demanda de LNG estadounidense puede modificar los flujos y elevar los precios en poco tiempo. Los mercados de Waha y Agua Dulce son competitivos, pero también reflejan congestión, producción del Permian, capacidad de salida y condiciones de oferta y demanda regional.
El problema no es la importación en sí. La interdependencia puede ser una fortaleza si se acompaña de diversificación y planeación. El riesgo surge cuando el país no cuenta con almacenamiento suficiente, rutas alternativas, información pública de flujos, producción nacional de respaldo o mecanismos para proteger a sectores prioritarios ante restricciones.
Una agenda de seguridad gasífera
México necesita pasar de una política de importación reactiva a una estrategia de seguridad gasífera. Esa agenda debería incluir cinco acciones:
- Impulsar almacenamiento estratégico y comercial para atender disrupciones temporales y picos estacionales de demanda.
- Identificar cuellos de botella regionales mediante información pública sobre capacidad contratada, capacidad disponible y flujos reales.
- Reforzar redundancia de ductos en regiones con alta exposición, particularmente la península de Baja California y corredores industriales en rápida expansión.
- Coordinar electricidad, industria y LNG para que el crecimiento exportador no comprometa el suministro interno.
- Recuperar producción nacional viable, especialmente gas asociado que hoy se quema o se desperdicia, sin depender de soluciones de alto riesgo ambiental o baja rentabilidad.
El nuevo mapa del gas mexicano no es un mapa de ductos: es un mapa de competitividad, vulnerabilidad e inversión. Quien controle acceso firme, flexible y competitivo al gas tendrá una ventaja decisiva. Para México, el objetivo no debe ser cerrar la integración con Estados Unidos, sino hacerla más resiliente.




