La política energética 2025‑2030 coloca al almacenamiento como pieza central de la transición eléctrica mexicana: de tecnología experimental a infraestructura crítica del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). De aquí a 2030, los planes oficiales y del mercado proyectan la instalación de miles de megawatts en baterías BESS, nuevas reglas operativas y modelos de negocio que transformarán cómo se genera, transporta y consume electricidad en el país.
1. De piloto a infraestructura crítica: BESS como política de Estado
La política vigente establece como objetivo vinculante el despliegue masivo de almacenamiento hacia 2030, con la instalación de miles de megawatts de baterías para respaldar renovables y reforzar la confiabilidad. Las convocatorias recientes estiman que México incorpore 22,129 MW renovables y 6,145 MW de almacenamiento, repartidos entre CFE y sector privado.
En este diseño, CFE concentraría unos 3,071 MW de BESS y los particulares alrededor de 2,480 MW, tanto asociados a nuevas centrales como en sistemas independientes. El almacenamiento deja de ser accesorio y se convierte en un indicador propio de la planeación eléctrica.
2. Un marco regulatorio completo para SAEE
El 16 de abril de 2026, la Comisión Nacional de Energía (CNE) publicó en el DOF las Disposiciones Administrativas de Carácter General para la integración de Sistemas de Almacenamiento de Energía Eléctrica (SAEE), que sustituyen al acuerdo A/113/2024. Las reglas:
- Establecen requisitos de interconexión y conexión de SAEE.
- Definen los servicios que pueden ofrecer (potencia, regulación de frecuencia, control de tensión, respaldo, etc.).
- Reconocen modalidades de participación: asociados a centrales, a centros de carga, en esquemas de autoconsumo, como recursos independientes e incluso integrados a infraestructura de transmisión.
Solo los sistemas con duración mínima de tres horas pueden acreditar el producto Potencia en el mercado y acceder a ciertos ingresos, lo que orienta el diseño técnico de los proyectos. El almacenamiento pasa de “tierra de nadie” a estar plenamente regulado y reconocido como parte formal del SEN.
3. Licitación de 935 MW y proyectos híbridos como nuevo estándar
La Secretaría de Energía identificó una “necesidad de referencia” de 935 MW de almacenamiento independiente (standalone) distribuidos en siete áreas de control, todos con tres horas de duración, y lanzó una licitación específica para cubrir esa demanda. De forma paralela, las nuevas convocatorias para proyectos estratégicos de renovables y almacenamiento fijan que una parte significativa de la nueva capacidad limpia deberá desarrollarse en formato híbrido (solar/eólica + BESS).
En nodos críticos, el código de red está imponiendo que nuevas centrales renovables incorporen baterías equivalentes a alrededor de 30% de la capacidad, con tres horas de autonomía, para reducir congestión y rampas extremas. En la práctica, esto convierte al esquema híbrido en el estándar técnico para proyectos que busquen interconexión prioritaria.
4. Un mercado ESS en expansión: de utility‑scale a C&I y residencial
El mercado mexicano de sistemas de almacenamiento de energía (ESS) alcanzó aproximadamente 5.62 mil millones de dólares en 2024 y se proyecta que llegue a 26.10 mil millones de dólares para 2033, con una tasa de crecimiento anual de 16.6% entre 2025 y 2033. El crecimiento se da en tres frentes:
- Utility‑scale: proyectos BESS acoplados a grandes parques renovables y sistemas independientes despachables por CENACE.
- Comercial e industrial (C&I): soluciones de respaldo, gestión de demanda y reducción de picos para manufactura, logística y parques industriales.
- Residencial y PyME: paquetes fotovoltaico + batería orientados a resiliencia y ahorro frente a tarifas crecientes.
Además, la tendencia tecnológica marca un cambio de baterías de plomo‑ácido a sistemas basados en litio, con capacidades de monitoreo en tiempo real, mayor densidad energética y vida útil extendida.
5. Nuevos modelos de negocio y financiamiento verde
El despliegue de almacenamiento se apalanca cada vez más en bonos verdes, financiamiento climático, créditos de carbono y esquemas “storage as a service”. Entre las innovaciones que se observan:
- Contratos donde un tercero financia el BESS y el usuario paga por disponibilidad o por ahorro verificado (modelo de servicio).
- Proyectos FV + BESS para clientes industriales vinculados a metas de descarbonización de cadenas globales, donde el almacenamiento ayuda a cumplir criterios de energía limpia 24/7.
- Inclusión de ESS en estructuras que combinan ingresos por energía, capacidad, servicios complementarios y, en algunos casos, certificados de energías limpias (CEL) o atributos de carbono.
La barrera ya no es solo tecnológica; la clave será cerrar modelos de ingreso estables y bancables para los próximos 10‑15 años.











