Durante los primeros años de la apertura del mercado de combustibles, retirar el logotipo de Pemex de una estación de servicio parecía una decisión casi irreversible. BP, Shell, Mobil, Repsol y decenas de marcas internacionales comenzaron a ocupar espacios que durante décadas habían pertenecido a una sola identidad. El cambio fue tan rápido que parecía lógico pensar que la participación de Pemex continuaría reduciéndose conforme aumentaran las alternativas para empresarios y consumidores.
Los números parecían confirmar esa idea. En 2017 había alrededor de 11,685 estaciones identificadas con Pemex; cinco años después quedaban menos de 7,000. Miles de empresarios habían decidido abandonar la franquicia para incorporarse a marcas internacionales, desarrollar conceptos propios o simplemente operar bajo un esquema comercial diferente.
La caída, sin embargo, se detuvo.
Pemex cerró 2022 con 6,987 estaciones bajo su franquicia. Un año después eran 7,201; en 2024 llegaron a 7,266 y al cierre de 2025 alcanzaron 7,480. Para junio de 2026 la cifra había aumentado nuevamente, hasta 7,564 estaciones, un crecimiento anual de 3%.
La recuperación todavía está lejos de devolver a Pemex el tamaño de red que tenía antes de la apertura y tampoco implica que las marcas privadas estén desapareciendo. Lo relevante es el cambio de dirección. Después de años perdiendo estaciones, la principal franquicia gasolinera del país volvió a crecer.
Entender por qué está ocurriendo dice mucho más sobre el mercado mexicano de combustibles que simplemente contar cuántas estaciones llevan nuevamente el águila de Pemex.

Cambiar la bandera resultó más fácil que cambiar el negocio
La apertura modificó rápidamente la imagen de las gasolineras mexicanas. Cambiaron colores, logotipos, uniformes y tiendas; aparecieron nuevos programas de lealtad y algunas empresas introdujeron conceptos de servicio que buscaban diferenciarse de la antigua franquicia.
Pero detrás de la imagen existe una operación mucho más compleja. Una estación necesita recibir combustible todos los días, administrar inventarios, financiar compras, coordinar transporte, cumplir obligaciones regulatorias y mantener márgenes suficientes en un negocio donde unos cuantos centavos por litro pueden hacer una diferencia considerable.
Análisis y reportes que no vas a leer en el sitio
Únete al canal de WhatsApp de energynews.mx
Al cierre de 2024, la empresa tenía 7,266 estaciones dentro de su franquicia, pero además suministraba petrolíferos a 3,999 estaciones que estaban fuera de ella. De ese grupo, 1,324 utilizaban sublicencias de marcas Pemex y 2,675 operaban bajo marcas de terceros.
El dato obliga a mirar la apertura desde otra perspectiva. Una estación podía retirar el logotipo de Pemex, adoptar una identidad completamente distinta y continuar comprando combustible a la petrolera nacional.
La competencia que el consumidor veía en la calle era real, pero no necesariamente reflejaba lo que ocurría detrás del dispensario.

La marca no dice de dónde viene la gasolina
Uno de los efectos de la apertura fue separar actividades que durante décadas estuvieron concentradas alrededor de Pemex. Producción, importación, almacenamiento, transporte, comercialización, distribución y venta al público comenzaron a tener participantes y modelos distintos.
Eso significa que la marca colocada en una estación identifica principalmente la propuesta comercial que recibe el consumidor, pero no permite determinar automáticamente quién produjo, importó o suministró el combustible.
La diferencia es fundamental para entender el mercado actual. Una estación puede ser propiedad de un empresario independiente, utilizar una marca privada y comprar producto comercializado por Pemex. Otra puede pertenecer a un grupo regional que desarrolló su propia identidad y negocia directamente parte de sus compras.
Pemex reconoce esta separación en sus reportes regulatorios. Al cierre de 2025 tenía 7,480 estaciones bajo franquicia y 1,155 bajo esquemas de licencia de uso de marca. Además, reportaba 4,308 estaciones de otras marcas con suministro mixto, es decir, abastecidas por Pemex y/o por terceros.
Por eso contar logotipos ofrece una fotografía incompleta. El mercado mexicano se diversificó considerablemente en marcas, pero la estructura de suministro mantuvo un grado de dependencia de Pemex mucho mayor de lo que sugiere el paisaje comercial.

¿Por qué regresar a Pemex?
No existe una explicación única y tampoco sería correcto asumir que todos los empresarios que regresan a la franquicia lo hacen por las mismas razones. La decisión depende de ubicación, volumen, estructura financiera, contratos de suministro y capacidad logística de cada grupo.
Hay, sin embargo, factores económicos que ayudan a explicar el movimiento.
Pemex ofrece descuentos asociados al volumen, condiciones de crédito y diferentes herramientas comerciales para sus franquiciatarios. A eso se suma una infraestructura de suministro con cobertura nacional que resulta particularmente relevante para operadores que no cuentan con cadenas propias de importación, almacenamiento y transporte.
El último factor adquirió mayor importancia este año. La política de contención de precios de los combustibles redujo el espacio disponible para trasladar determinados costos al consumidor. Para una estación que depende de producto importado y enfrenta costos logísticos más elevados, unos cuantos centavos adicionales pueden modificar la rentabilidad de la operación.
Pemex tiene otra ventaja que suele pasar inadvertida y es que no necesita presentarse.
Construir una marca propia requiere inversión en publicidad, identidad, tecnología, promociones y confianza del consumidor. Para grandes grupos gasolineros, esa inversión puede formar parte de una estrategia de largo plazo. Para un operador independiente con unas cuantas estaciones, utilizar una marca conocida nacionalmente puede tener más sentido económico.
El regreso a Pemex, por tanto, no tiene que interpretarse como una decisión ideológica ni como nostalgia por el antiguo modelo. En muchos casos puede explicarse de manera mucho más sencilla: costos, suministro, crédito y reconocimiento de marca.

Pemex también tuvo que cambiar
La recuperación tiene otra lectura menos evidente. La apertura no solamente dio nuevas opciones a los gasolineros; obligó a Pemex a competir por ellos.
Durante décadas, la empresa no necesitaba convencer a un operador de utilizar su marca porque prácticamente no existía otra alternativa. La apertura cambió esa relación. Por primera vez, un empresario podía comparar distintas franquicias, desarrollar una identidad propia, negociar con otros comercializadores o abandonar completamente la marca Pemex.
La petrolera respondió modificando su propuesta comercial. Actualmente ofrece esquemas de descuentos por volumen y crédito, capacitación, asesoría técnica y comercial, herramientas digitales y una nueva identidad para las estaciones. En 2025, 5,955 de las 7,480 estaciones franquiciadas ya habían migrado a esa nueva imagen.
Este punto es importante porque cambia la interpretación de lo ocurrido después de la apertura. Pemex perdió miles de estaciones, pero esa pérdida también convirtió al franquiciatario en un cliente al que había que conservar.
La petrolera pasó de ser la única opción disponible a ser una alternativa que debía demostrar valor frente a otras marcas.
La competencia que ocurre detrás de la estación
Para el automovilista, la competencia es visible en una avenida donde conviven estaciones Pemex, BP, Mobil, Shell o marcas regionales. Para las empresas, una parte importante de esa batalla ocurre mucho antes de que el combustible llegue al tanque del vehículo.
Los proveedores compiten por contratos de suministro, volumen, transporte, condiciones de pago y relaciones comerciales con los grupos gasolineros. Las marcas, al mismo tiempo, compiten por convencer a esos operadores de colocar su identidad en las estaciones.
Al cierre de junio de 2026 reportó 7,564 estaciones bajo franquicia, equivalentes a 58% de las 13,046 estaciones con las que mantenía algún tipo de relación de suministro. Otras 1,149 utilizaban licencias de marca y 4,333 operaban bajo marcas distintas, con suministro proveniente de Pemex y/o terceros.
La cifra ayuda a dimensionar el alcance de la empresa, pero también exige cuidado. Las 4,333 estaciones de marcas diferentes no pueden contabilizarse como estaciones abastecidas exclusivamente por Pemex. El propio reporte reconoce la existencia de suministro mixto. Lo relevante es que la petrolera continúa participando comercialmente en una parte del mercado que visualmente parece independiente de ella.
La apertura sí cambió el mercado
El regreso de estaciones a la franquicia podría utilizarse para argumentar que la apertura del mercado fracasó. Los datos no sostienen una conclusión tan sencilla.
El mercado de 2026 es sustancialmente distinto al que existía antes de 2016. Los empresarios tienen más opciones de marca y suministro, existen nuevos participantes y el consumidor puede elegir entre propuestas comerciales que antes no existían.
Pero tampoco ocurrió la sustitución lineal de Pemex que algunos imaginaban al inicio de la apertura. La empresa perdió miles de estaciones, pero conservó infraestructura, escala, reconocimiento y una posición relevante en el suministro. Con el tiempo comenzó además a recuperar parte de la red que había perdido.
La paradoja es interesante, por qué la apertura debilitó la exclusividad de Pemex, pero al mismo tiempo obligó a la empresa a convertirse en un competidor comercial.
Antes no necesitaba convencer al gasolinero. Ahora sí. Y el crecimiento reciente de su franquicia indica que, al menos para una parte de los operadores, su propuesta vuelve a resultar atractiva.

Lo que realmente regresó
Entre 2017 y 2022 desaparecieron miles de logotipos de Pemex de las calles mexicanas. Era la manifestación más visible de un cambio profundo y, durante algunos años, pareció anticipar una pérdida continua de relevancia para la petrolera en el negocio minorista.
Una década después, el resultado es bastante más complejo.
Pemex no recuperó la posición prácticamente exclusiva que tuvo antes de la apertura y las marcas privadas forman ya parte permanente del mercado. Sin embargo, la franquicia volvió a crecer: pasó de menos de 7,000 estaciones en 2022 a 7,564 en junio de 2026.
La explicación no está únicamente en el logotipo. Está en todo lo que existe detrás: suministro, logística, crédito, volumen, condiciones comerciales y una marca que sigue teniendo reconocimiento nacional.
Quizá esa sea la principal lección de estos diez años. La apertura consiguió diversificar con rapidez lo que el consumidor ve cuando entra a una estación, pero transformar la estructura que abastece a esas estaciones ha sido un proceso mucho más lento y complejo.
Por eso la pregunta ya no es simplemente cuántas gasolineras llevan la marca Pemex.
La pregunta más útil para entender el mercado es otra: ¿quién está realmente detrás del combustible que venden?











