Fuego y desabasto: el fin de semana que golpeó a Pemex
Este fin de semana Petróleos Mexicanos (Pemex) mostró dos caras de una misma crisis estructural: la alta exposición al peligro que enfrentan sus cuadrillas en campo y la precariedad de la red médica encargada de protegerlas.
El primer golpe ocurrió en la comunidad de Xolostitla de Morelos, dentro del municipio de Epazoyucan, Hidalgo. Personal especializado de Pemex realizaba maniobras para inhabilitar una toma clandestina, no hermética, en el ducto Tuxpan-Tula cuando una conflagración interrumpió las labores. El siniestro dejó a dos trabajadores con quemaduras y obligó a la Subsecretaría de Protección Civil estatal a evacuar de forma preventiva a los vecinos en un radio de 500 metros.
Hasta el momento, Pemex confirmó que interpondrá denuncias ante las autoridades correspondientes por la perforación ilícita del ducto en Hidalgo para deslindar responsabilidades.
El segundo golpe ocurrió 700 kilómetros de distancia, justo en el Hospital Regional de Pemex en Villahermosa, Tabasco, donde el gremio petrolero protagonizó una severa protesta tras confirmarse el fallecimiento de Karla Vargas Morales, una trabajadora activa de la empresa. Integrantes de la Sección 44 del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) colgaron una lona en la fachada del hospital para denunciar que el deceso ocurrió en medio de una escasez crítica de insumos básicos y medicamentos de urgencia, tales como adrenalina, atropina y flumazenil.
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“Desde hace cinco años hemos denunciado los malos servicios médicos, la falta de medicamentos y la carencia de insumos indispensables para brindar una atención digna a los derechohabientes de Pemex”, señaló la Sección 44 en un escrito dirigido a Ruy López Ridaura subdirector de Servicios de Salud de Pemex.
Ambos hechos dibujan un panorama crítico para Pemex: El riesgo operativo que asume el personal en la infraestructura convive con una severa crisis en los servicios de salud encargados de salvaguardar su integridad.