En su reporte de resultados del segundo trimestre de 2026, Pemex dedica un apartado a celebrar una medalla que suena perfecta para el discurso oficial. La petrolera obtuvo 100 puntos y el primer lugar en el ranking Integridad Corporativa 500 (IC500) 2026, elaborado por Transparencia Mexicana, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y la revista Expansión. El documento lo presenta como prueba de un “liderazgo en ética y transparencia empresarial” y del fortalecimiento de su programa de cumplimiento “Pemex Cumple”.
El detalle es que, unas páginas más adelante, el mismo informe describe una realidad mucho menos pulida en campo. La sección de factores ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) enumera incidentes graves —incendios, fugas, pérdidas de contención— y un inventario de riesgos ambientales y de seguridad cuyo abatimiento requiere inversiones multimillonarias. Además, en la parte operativa se documenta que el gas enviado a la atmósfera casi se duplicó (+99%) y que los índices de frecuencia y gravedad de accidentes aumentaron de forma significativa en el trimestre.
En gobernanza, Pemex tiene razones para presumir. El programa “Pemex Cumple” incluye acciones de capacitación en cultura ética y prevención de la corrupción; sólo en 2T26 se registraron 497 personas trabajadoras participantes en cursos específicos. La empresa también reporta 701 solicitudes de debida diligencia y 562 opiniones de viabilidad para acuerdos con terceros, además de más de 900 solicitudes de información y datos personales atendidas y 899 resoluciones del Comité de Transparencia. Son indicadores importantes para cualquier compañía que busca blindarse frente a malas prácticas y mejorar su relación con reguladores y sociedad.
El problema está en la brecha entre esa arquitectura de cumplimiento y lo que ocurre en ductos, plataformas, plantas y refinerías. En exploración y extracción, el envío de gas hidrocarburo a la atmósfera promedió 778 MMpcd en el trimestre, 99% más que en 2T25. El propio reporte atribuye este salto a limitaciones de infraestructura para manejar el gas de Ixachi, trabajos de mantenimiento en Papán, restricciones por alto contenido de H₂S en Cactus y Nuevo Pemex, junto con problemas de transporte y una pérdida de contención en el sistema Quesqui 4–Jujo. Cada uno de esos puntos es, en realidad, un síntoma de rezagos de inversión y de gestión de riesgos.
En seguridad industrial, la narrativa se complica todavía más. Los índices de frecuencia y gravedad de accidentes suben 48.3% y 61.9% respectivamente, con cuatro fatalidades registradas en el trimestre y más eventos de seguridad de procesos Tier 1, la categoría que agrupa incidentes severos con impacto relevante. Es difícil conciliar esos números con la imagen de “empresa más íntegra” si integridad se entiende no sólo como tener códigos y comités, sino como prevenir daños a personas y al entorno.
La sección ASG del reporte también reconoce que existe un inventario de riesgos ambientales y de seguridad en instalaciones terrestres y marinas que requiere inversiones “relevantes” para ser abatidos. Habla de necesidades de rehabilitación de ductos, reforzamiento de sistemas de contención, mejora de equipos para atender derrames y fugas, y proyectos de gestión de residuos y de adaptación a eventos climáticos. No son detalles menores: son la lista de tareas pendientes para que la integridad corporativa se traduzca en integridad operativa.
Para quien hace periodismo económico, esta tensión es una veta narrativa poderosa. De un lado, Pemex se coloca en la cima de un ranking que evalúa políticas de integridad, códigos de ética, mecanismos de denuncia y transparencia documental. Del otro, el propio documento que presume ese logro cuenta que la empresa tiene más gas desperdiciado en el aire, más accidentes graves y más riesgos ambientales por atender. La pregunta inevitable es qué significa exactamente “integridad” cuando los sistemas que protegen a comunidades, trabajadores y ecosistemas no reciben el mismo nivel de prioridad que los manuales y las certificaciones.
Nada de esto invalida el trabajo hecho en gobernanza; el IC500 mide algo real y valioso: la existencia y calidad de políticas anticorrupción y de transparencia. Pero la lectura completa exige cruzar esa medalla con el resto del reporte. Una petroquímica estatal con buena gobernanza documental pero con rezagos en seguridad y desempeño ambiental sigue siendo vulnerable en su licencia social para operar. Y en un mundo donde la agenda ASG pesa cada vez más en decisiones de inversión, la historia de Pemex no puede contarse sólo desde el podio del ranking; tiene que incluir la lista de riesgos que el propio informe reconoce.
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📌 Ficha del caso
- Medalla de integridad: 100 puntos y primer lugar en el ranking Integridad Corporativa 500 (IC500) 2026.
- Programa de cumplimiento: “Pemex Cumple”, con capacitación en ética y anticorrupción y procesos de debida diligencia y transparencia reforzados.
- Riesgos en campo: Incendios, fugas, pérdidas de contención y un inventario de riesgos ambientales y de seguridad que exige inversiones multimillonarias.
- Gas enviado a la atmósfera: 778 MMpcd, +99% vs 2T25, por cuellos de infraestructura y problemas operativos.
- Accidentes: Índices de frecuencia (+48.3%) y gravedad (+61.9%) al alza, con cuatro fatalidades y más eventos Tier 1.











