El último informe de Citi introduce un giro relevante en la narrativa de los mercados de materias primas: el banco recorta sus previsiones de precio para el petróleo y, al mismo tiempo, refuerza una tesis claramente alcista para el oro y la plata.
En petróleo, el ajuste se concentra en el Brent. Citi parte de una premisa clave: la posibilidad de normalización de los flujos por el estrecho de Ormuz reduciría la “prima geopolítica” que infló los precios en meses recientes y devolvería la atención a un mercado que considera ampliamente abastecido. Bajo su escenario base, al que asigna una probabilidad indicativa del 60%, el banco espera que el Brent promedie alrededor de US$75 por barril en el tercer y cuarto trimestre de 2026, caiga a US$70 en 2027 y se estabilice cerca de US$65 en adelante.
La rebaja es estructural. Citi proyecta mayor oferta global a partir de incrementos de producción en la OPEP+, junto con más volúmenes provenientes de Brasil, Canadá, Venezuela y Estados Unidos. Sobre ese telón de fondo, el informe incluso plantea que el mercado podría enfrentar un superávit cercano a cuatro millones de barriles diarios hacia 2027, suficiente para reconstruir inventarios y acotar cualquier rally sostenido de precios.
El banco matiza, sin embargo, que el riesgo geopolítico no desaparece. Mantiene un escenario alcista con una probabilidad del 20% en el que un resurgimiento de tensiones en Medio Oriente —o nuevas disrupciones logísticas— podría empujar al Brent nuevamente por encima de los US$100 por barril. En el extremo opuesto, una expansión más rápida de la producción en Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita e Irán, sumada a acuerdos que desactiven parte de las tensiones entre Rusia y Ucrania, llevaría el petróleo hacia la zona de US$60 por barril en 2027.
La trayectoria esperada de precios tiene implicaciones obvias para países productores y para empresas integradas de oil & gas: menos soporte de precio, más dependencia de eficiencia y disciplina financiera. Pero también impacta portafolios de inversión que hasta ahora veían al petróleo como cobertura frente al riesgo geopolítico.
Para inversionistas, el mensaje es doble, en petróleo, Citi apuesta a un mercado “suficientemente abastecido” con riesgo de superávit hacia 2027, donde la prima geopolítica se reduce a un escenario de cola; en oro, el banco ve un activo apoyado por la macro, la política monetaria y la demanda oficial, con potencial de marcar nuevos máximos.
El ángulo para México es un Brent más estable en la franja de US$65–75 abarata la factura de importación de combustibles, pero también recorta ingresos petroleros; un oro más caro refuerza la importancia de diversificar reservas y portafolios, especialmente en un país donde los riesgos fiscales y de deuda están bajo escrutinio.
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