Hace unos días escribí en este espacio que Pemex tiene un problema con los datos. Tomando prestado el concepto utilizado por los colaboradores de Steve Jobs para describir su capacidad de moldear la percepción de quienes lo rodeaban, lo llamé “el campo de distorsión de Pemex”.
Durante los últimos años hemos visto cómo una clasificación, un cambio metodológico o simplemente la elección de un indicador sobre otro pueden modificar la percepción sobre el desempeño de la petrolera sin alterar necesariamente los datos que están detrás.
Lo hemos visto con la producción de crudo. Mientras la extracción de petróleo crudo ha mantenido una tendencia descendente, Pemex ha privilegiado en su comunicación el concepto de “hidrocarburos líquidos”, que incorpora tanto crudo como condensados. También lo encontramos recientemente en las inconsistencias documentadas entre las muertes reconocidas públicamente después de algunos accidentes y la forma en que esos eventos aparecen en bases estadísticas posteriores.
Ahora tenemos otro problema, mucho más elemental, los datos no se están publicando a tiempo.
Petróleos Mexicanos volvió a llegar a la fecha prevista para actualizar sus principales indicadores operativos sin publicar las cifras correspondientes a agosto de 2026. Al cierre del 25 de septiembre, la Base de Datos Institucional (BDI) todavía mostraba julio como el último mes disponible para variables fundamentales como la producción de hidrocarburos líquidos, petróleo crudo y condensados.
Podría tratarse simplemente de un retraso administrativo, salvo porque ocurrió lo mismo un mes antes. Los datos correspondientes a julio, que debían incorporarse el 26 de agosto conforme al calendario de Estadísticas Petroleras, aparecieron hasta el 1 de septiembre. Durante varios días, analistas, inversionistas, proveedores y medios tuvieron que evaluar el desempeño operativo de Pemex sin contar con su principal referencia mensual.
Que suceda por segundo mes consecutivo cambia la naturaleza del problema. Una demora puede explicarse por una falla técnica, una revisión de cifras o cualquier contingencia administrativa. Cuando comienza a repetirse, resulta válido preguntar qué está pasando con un sistema de información que durante años permitió seguir con relativa puntualidad la operación de la empresa petrolera más importante del país.
La BDI está lejos de ser una base secundaria. Ahí se concentra buena parte de la información necesaria para conocer cuánto petróleo y gas produce Pemex, cuánto crudo procesa en sus refinerías, qué volumen de combustibles elabora, cuánto importa y exporta y cuál es el comportamiento de sus ventas. Es, en buena medida, el termómetro mensual de la operación de la compañía.
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El retraso ocurre además en un momento particularmente relevante. El Plan Estratégico 2025-2035 establece el objetivo de sostener la producción nacional de hidrocarburos líquidos alrededor de 1.8 millones de barriles diarios. Para 2026 contempla 1.794 millones de barriles diarios, considerando la producción de Pemex, socios, contratos mixtos y terceros.
El último dato disponible de Pemex Exploración y Producción corresponde a julio. Ese mes, la empresa y sus socios produjeron 1.674 millones de barriles diarios de hidrocarburos líquidos, frente a 1.666 millones en junio. Del volumen de julio, aproximadamente 1.368 millones correspondieron a petróleo crudo y poco más de 306 mil barriles diarios a condensados.
Es precisamente aquí donde este retraso se conecta con la discusión anterior. Ya podíamos cuestionar si utilizar hidrocarburos líquidos como principal referencia ofrecía una imagen adecuada del comportamiento de la producción petrolera. Al menos teníamos los datos para separar crudo y condensados, compararlos y sacar nuestras propias conclusiones. Con agosto ni siquiera podemos hacer eso.
El problema tampoco se limita a la producción de petróleo. El retraso afecta el seguimiento de otras variables necesarias para entender la operación de Pemex, como extracción y procesamiento de gas natural, proceso de crudo en refinerías, elaboración de gasolinas y diésel, comercio exterior y ventas internas. Cuando esa información no está disponible oportunamente, el análisis termina dependiendo de estimaciones, declaraciones o fuentes alternativas en lugar de las cifras de la propia empresa.
Esto tiene implicaciones que van más allá del trabajo de periodistas y analistas. La producción petrolera está relacionada con los ingresos públicos, las necesidades financieras de Pemex, el suministro al Sistema Nacional de Refinación y el cumplimiento de las metas establecidas en su Plan Estratégico. Para evaluar cualquiera de esos frentes se necesita información periódica, comparable y disponible en las fechas comprometidas.
Hasta ahora Pemex no ha explicado públicamente la razón del retraso en las cifras de agosto. Puede existir una explicación perfectamente razonable, como una revisión metodológica, un problema técnico o la necesidad de validar información antes de publicarla. El inconveniente es que, sin una explicación de la empresa, cualquier interpretación termina inevitablemente en el terreno de la especulación.
Ahí está precisamente el punto. Pemex no tiene la obligación de reportar mejores resultados cada mes. La producción puede subir o bajar, las refinerías pueden procesar más o menos crudo y las metas operativas pueden cumplirse o no. Lo que una empresa pública de su tamaño sí debe garantizar es que la información necesaria para evaluar esos resultados sea accesible, consistente y oportuna.
Por eso la discusión sobre los datos de Pemex empieza a ser más amplia que un retraso de algunos días. Primero cuestionamos la forma de presentar las cifras de producción; después aparecieron inconsistencias en la clasificación de fatalidades y ahora tenemos retrasos consecutivos en la publicación de indicadores operativos. Son problemas distintos, pero todos terminan afectando lo mismo: la capacidad de observar con claridad qué está ocurriendo dentro de la empresa.
En la columna anterior comparé esta forma de manejar la información con el famoso “campo de distorsión de la realidad” de Steve Jobs. La diferencia es que Jobs utilizaba esa capacidad para convencer a sus equipos de que podían conseguir algo que parecía imposible. El campo de distorsión de Pemex funciona de una manera menos admirable; unas veces modifica la forma en que observamos los datos y otras simplemente retrasa el momento en que podemos conocerlos.
La credibilidad estadística de una empresa no depende de que sus números sean favorables. Depende de que podamos confiar en qué significan, compararlos en el tiempo y encontrarlos cuando corresponde. Pemex no necesita mejores datos para recuperar esa confianza; necesita presentar los que tiene, con claridad y a tiempo.











