La discusión sobre la viabilidad de los hidrocarburos no convencionales en México ha entrado en una fase crítica de cara al inminente dictamen que evaluará el gobierno federal para definir su política energética. Un análisis profundo realizado por la organización CartoCrítica revela que la fracturación hidráulica, o fracking, dista mucho de ser una solución mágica para la soberanía del país.
Por el contrario, la técnica se perfila como un esfuerzo material y económico descomunal a cambio de un rendimiento temporal alarmantemente bajo, de acuerdo con la organización.
De acuerdo con el estudio de la organización, recuperar apenas el 10% de los recursos prospectivos de hidrocarburos no convencionales en territorio mexicano demandaría una inversión cercana a los 360 mil millones de dólares. Este monto supera con creces el presupuesto anual completo de Petróleos Mexicanos (Pemex).
Manuel Llano Vázquez Prada, director de CartoCrítica, califica la iniciativa como un “sinsentido”, pues semejante despliegue de capital y recursos materiales se traduciría en un alivio energético efímero, ya que apenas significaría 5.9 años de consumo de petróleo y 3.7 años de gas natural para el país.
Una intervención agresiva e intensiva
El fracturamiento hidráulico no debe confundirse con la extracción petrolera tradicional. Como explica el investigador José Rafael Flores Hernández, se trata de una técnica sumamente agresiva que consiste en perforar pozos horizontales para inyectar agua a alta presión mezclada con químicos, rompiendo formaciones rocosas de baja permeabilidad para liberar el gas o crudo atrapado.
La metodología del estudio, sustentada en datos oficiales de Pemex, la Secretaría de Energía (SENER), la extinta Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y experiencias internacionales, estima que para alcanzar las metas planteadas sería necesario:
- Perforar y fracturar más de 25 mil nuevos pozos distribuidos en tres grandes provincias petroleras: Sabinas-Burro Picachos, Burgos y Tampico-Misantla.
- Concentrar la mayor intervención en la cuenca de Tampico-Misantla, donde se proyecta la apertura de más de 21 mil pozos, impactando directamente un extenso mosaico agrario e indígena.
- Movilizar millones de toneladas de materiales, tuberías y camiones, considerando que cada pozo consumiría en promedio 75 mil metros cúbicos de agua.
Emergencia hídrica y vulnerabilidad social
El costo ambiental y social de esta infraestructura es una de las mayores alertas del reporte. El fracking requeriría el uso de alrededor de 2 mil millones de metros cúbicos de agua dulce en regiones que actualmente ya padecen un severo estrés hídrico. De hecho, ocho de cada diez litros de agua necesarios tendrían que extraerse de cuencas que hoy se encuentran en riesgo de disponibilidad.
La dimensión humana del proyecto es masiva. Más de seis millones de personas habitan en las zonas de posible impacto, un universo que incluye a 600 mil niñas y niños menores de cinco años, así como a 1.5 millones de mujeres en edad reproductiva.
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Además la organización señaló que la falta de transparencia sobre las ubicaciones exactas de los proyectos añade una capa de incertidumbre que, según los expertos, hace inviable esta ruta tecnológica para el futuro de México.











